sábado, 31 de diciembre de 2016

Más allá de la superficialidad: el empoderamiento de las mujeres árabes a través de las telenovelas turcas


"Noor", una de las primeras novelas dobladas en dialecto sirio.

Soy emiratí, conviví con mi marido 13 años, hasta que empecé a ver novelas turcas. Ella -refiriéndose a la protagonista de la serie Fatmagül’ün Suçu Ne? - me enseñó que una mujer puede reivindicar sus derechos. La vi ir a juicio y ganarlo, ¿por qué yo no podía hacer lo mismo?”

Éste es uno de los testimonios que recoge Al-Jazeera en, “Kismet: how soap operas changed the world?”, un reportaje emitido para el programa “Witness”. Aunque no es el único medio al que le ha llamado la atención este fenómeno, diarios de diferente índole y procedencia -véase Al-Arabiya News, Zaman France o El Mundo- se han hecho eco del gran impacto que las telenovelas turcas está teniendo en la sociedad árabe, de hecho, los telespectadores árabes ya forman parte del 60% de la audiencia extranjera, según Yanardağoğlu y Karam (2013). Además, ya existen portales web, como Panet, donde se pueden encontrar en árabe casi todas las telenovelas turcas emitidas hasta el momento. Aunque se trata de un fenómeno que también se está expandiendo por Europa del Este, Asia y Latinoamérica, convirtiéndose en una importante competidora de las tradicionales teleseries autóctonas.


Comercio libanés adornado con camisetas de la novela "Nur".
Foto de Alrabiya.net.
Si no todas, sí un número considerable de mujeres, desde Marruecos hasta Egipto o los Emiratos Árabes, se han visto influenciadas por este tipo de series gracias a la televisión por satélite y a la amplia oferta que ésta ofrece a ciudadanos de cualquier género, edad y condición social. Fue la novela dramática Noor  -Gümüş-  la que marcó un antes y un después, cuando un canal del grupo saudí MBC la emitió por primera vez en 2008. Este hecho ayudó a allanar el terreno para el aterrizaje de otras producciones del mismo género. Además, fue el primer culebrón que se emitió doblado en dialecto sirio (Buccianti, 2010).


 ¿Cuál es la clave de su éxito en el Mundo Árabe y qué las diferencia de las series  occidentales?

Posiblemente, “Noor” –y todas las demás que le siguieron- ha sabido tratar ciertos dilemas que tanto la sociedad árabe como la turca -en mayor o menor medida- tienen en común. Es decir, los guionistas han sido capaces de crear historias híbridas en las que integran modernidad y tradición sin la necesidad de dejar a ninguna de las dos de lado (Buccianti, 2010). Eso, en cierto modo, se ha convertido en un espejo en el que muchos árabes han empezado a mirarse, como indica el testimonio de una turista iraquí en Estambul en este otro reportaje de Euronews: “muestran que puedes ser musulmán y moderno al mismo tiempo. Además, enseñan esa parte de la vida de la que algunos árabes se sienten privados, que muchos no tenemos en nuestros países.” 

 “Hayat Devam Ediyor” (La vida continúa) recrea la historia de
una menor obligada a casarse con un hombre mayor que ella.
La proximidad cultural y geográfica de Turquía con el resto de países de Oriente Medio ha ayudado a que un alto número de telespectadoras árabes haya sentido un mayor nivel de empatía con sus protagonistas, pues se ven reflejadas en ellas y en sus propias experiencias personales (Yanardağoğlu y Karam, 2013), algo que es menos probable que suceda con otras producciones estadounidenses, europeas o latinoamericanas. Un ejemplo es el caso de “Noor”, una historia de amor entre una mujer pobre -con el mismo nombre del título de la novela- y un hombre rico, Muhannad. En el reportaje de Al-Jazeera, la socióloga emiratí Hanadi Al-Jabar explica por qué ha pisado tan fuerte esta novela en el Mundo Árabe: “muchas telespectadoras cayeron en el embrujo  de Muhannad y eso llevó a que muchos matrimonios se divorciaran. Cada vez que la protagonista de la novela se encontraba triste, el hombre hacía todo lo posible por complacerla. Toda mujer árabe que veía la serie comenzó a preguntarse por qué su marido no la amaba de la misma manera que Noor era querida. Lo romántico se convirtió en una obsesión.” 


                                                 Intro de "Nur".
                                          
De igual forma, aunque esta vez cargada de una fuerte crítica hacia la violencia sexual, tuvo su particular efecto la novela Fatmagül’ün Suçu Ne? (“¿Qué culpa tiene Fatmagül?”). Una historia en la que la protagonista lucha por el reconocimiento de sus derechos tras haber sufrido una violación colectiva. También está el caso de “Hayat Devam Ediyor” (“La vida continúa”), en la que se denuncia el problema de los matrimonios de menores recreando la vida de una joven -Hayat- de 15 años forzada a casarse con un señor 55 años mayor que ella.


                                 Video promocional de "Fatmagül’ün Suçu Ne?
                                               ("¿Qué culpa tiene Fatmagül?") 

Otra de las razones del éxito de estas novelas en el Mundo Árabe ha sido la concepción general de la opinión pública acerca de Turquía como modelo ejemplar de Estado, el rechazo de muchos países árabes de las políticas occidentales en Iraq y también de sus relaciones con Israel. Estos factores, en cierto modo, han ayudado a que la influencia de Turquía como referente político haya crecido significativamente estos últimos años (Kraidy & Al-Ghazzi, 2013) y con ello, por supuesto, también le haya seguido en esta andadura el mundo de la cultura.


Información extraída de:


Buccianti, A. (2010). Dubbed Turkish soap operas conquering the Arab world: social liberation or cultural alienation? Arab Media & Society, 1.

Kraidy, M. M., & Al-Ghazzi, O. (2013). Neo-Ottoman cool: Turkish popular culture in the Arab public sphere. Popular Communication, 11(1), 17-29.

Yanardağoğlu, E., & Karam, I. N. (2013). The fever that hit Arab satellite television: audience perceptions of Turkish TV series. Identities, 20(5), 561-579.


La Cúpula de la Roca: un nuevo arte en tierra de dioses

La Cúpula de la Roca (en árabe قبة الصخرة‎‎ , [Qubbat al-Sakhrah], en hebreo כיפת הסלע‎‎‎ [Kippat ha-Sela]) es uno de los tres importantes santuarios de las grandes religiones monoteístas que se encuentra en Jerusalén, la más santa de todas las ciudades santas del mundo, junto al Muro de las Lamentaciones y la Iglesia del Santo Sepulcro.

Construido en el centro de la Explanada de las Mezquitas (Haram al-Sharif), es, cronológicamente, el primer monumento artístico que creó el Islam en la época primitiva. Su construcción tuvo lugar entre los años 688 y 692, unos sesenta años después de la muerte del Profeta, durante el califato de Abd al-Malik. 
 
Vista de la Cúpula y la Mezquita de la Roca.


     
Califa Abd al-Malik
Fue el califa Omeya Abd al-Malik en el año 688 quien ordenó su construcción con el fin de expresar el triunfo de las doctrinas islámicas sobre el cristianismo y el judaísmo, religiones predominantes en la Jerusalén de la época. Una lectura histórica de los hechos apunta a motivos meramente políticos para la construcción del santuario en el monte del Templo: el califa pretendía crear un centro importante de peregrinación y culto, para desviar la atención de la Meca y Medina, ciudades con cuyas autoridades se encontraba en conflicto pues éstas ponían en duda su nombramiento como califa ya que no aceptaban la sucesión dinástica del califato de su padre Muawiya.


      La característica cúpula dorada se eleva unos 30 metros de altura sobre la Roca que le da nombre. Su localización es especialmente significativa; se sitúa en el recinto sagrado del Templo de Salomón, en el Monte Moriah, al que, según el Corán, llegó Muhammad desde la Meca. En su interior se encuentra la roca desde la que el Profeta se elevó a los cielos para recibir la primera revelación del arcángel Gabriel. El significado de este emplazamiento emana de tradiciones religiosas ligadas a la roca, importante punto de referencia para las confesiones monoteístas.
Vista de la ciudad de Jerusalén, con la cúpula como protagonista
Este es el lugar donde, para los credos judío y cristiano, Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac siguiendo órdenes de Yahveh y donde Jacob vio la escalera al cielo, según el Génesis. Para el judaísmo, a partir de esta piedra se construyó el mundo, y allí fue erigido el Sanctasanctórum, la parte más sagrada del templo de Jerusalén.
Además, los fundamentalistas de las tres religiones monoteístas consideran esta roca el escenario de los denominados acontecimientos finales: cristianos y judíos sitúan en este punto el Armagedón, la lucha final que precede el segundo advenimiento del Mesías; por su parte, los musulmanes consideran que allí se reunirán Jesús y el Mahdi (mesías) para iniciar la destrucción del mal y la conversión de judíos y cristianos al Islam.

Alzado de la Cúpula de la Roca
Desde un punto de vista arquitectónico, el edificio promovido por Abd al-Malik representa el brillante inicio de una nueva etapa de la historia de la Arquitectura. El califa convocó a los mejores maestros sirios para alcanzar una perfección arquitectónica. Una de las principales aportaciones de la cúpula es la invención de una nueva relación entre arquitectura y decoración, que la diferenciaba del principio clásico que había imperado en el Mediterráneo. A partir de este monumento, grandes creaciones del mundo arquitectónico comenzaron a imitar detalles de este nuevo estilo. Así, la Cúpula de la Roca es el más claro ejemplo de la encrucijada entre el arte bizantino y el incipiente arte islámico. Por primera vez en un edificio de culto musulmán existe una inscripción monumental en escritura cúfica y una serie de mosaicos dorados que decoran sus paredes, más tarde sustituidos por 45.000 azulejos persas de la mano de los turcos otomanos. En la actualidad, la cúpula está cubierta de aluminio chapado en oro decorado con versículos del Corán. 

Interior de la Cúpula de la Roca.

     
El conjunto arquitectónico que acompaña a la Cúpula de la Roca apenas ha sufrido cambios notables durante sus más de trece siglos, convirtiéndose hoy en día en uno de los más preciosos y duraderos tesoros artísticos del mundo. 



Siria: la destrucción de un patrimonio cultural histórico

La guerra en la que está inmersa Siria desde hace ya algo más de un lustro está acabando para siempre con siglos de historia de diversas civilizaciones. Desde la entrada a escena de Al-Nusra, filial de Al-Qaeda en la zona, ISIS y otros grupos yihadistas, el conflicto se ha recrudecido exponencialmente, asolando monumentos, restos arqueológicos y ciudades históricas. Tanto allí como en Iraq, se ha perdido un buen pedazo de la historia. Y el daño es irreparable.
Alepo, la ciudad más grande del país, ha sido escenario de enfrentamientos violentos entre partidarios de Bachar Al Asad y detractores de lo más variado -desde opositores moderados a yihadistas-, sufriendo así las consecuencias del conflicto. La Gran Mezquita Omeya, construida en el año 715, y especialmente su minarete, terminado en el s. XI, han quedado devastados. Uno de los templos más importantes del islam medieval que se llevó por delante la guerra en 2013:

Gran Mezquita Omeya de Alepo antes del ataque. Fotografía: www.elpais.com (24 abril 2013).

La mezquita de Alepo, un día después de los ataques del ISIS. Fotografía: www.elperiodico.com (25 abril 2013).

Además de la Gran Mezquita Omeya, la ciudad antigua de Alepo, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1986, también ha quedado asolada por la guerra. El zoco y la ciudadela, dos de sus más emblemáticos lugares, son ahora un montón de ruinas.
Esta noticia audiovisual de la CNN, del 26 de febrero de 2016, muestra cómo ha quedado la ciudad:



Otro vídeo posterior, emitido por Russia Today el 11 de diciembre y con la ciudad bajo control de las tropas de Al Asad, ofrece una panorámica de Alepo a vista de dron:




En los límites de la provincia de Homs se hallan los restos de la ciudad romana de Palmira, provincia del Imperio romano desde el siglo I d. C., y que llegó a constituir un importante reino en Oriente Próximo.
En 2015, el autodenominado Estado Islámico entró en la histórica ciudad e hizo detonar explosivos en tres tumbas-torre, el Templo de Bel y el Arco de Triunfo. Unos hechos que fueron calificados como “crimen de guerra” por la UNESCO. La recuperación del lugar por Al Asad han dejado a la vista lo que ya son ruinas derruidas:

Palmira, tras la retirada del ISIS. Fotografía: elpais.com (difundida por la agencia de noticias siria SANA). Para ver más imágenes, aquí.

Así es como se ve Palmira, a vista de dron, cuando las tropas leales al régimen recuperan el lugar, en marzo de 2016, en un vídeo difundido por la agencia de noticias Associated Press:


Bosra contenía el teatro romano más grande de Oriente Próximo, datado del s. II. Durante la época del Imperio romano, fue capital de la provincia de Arabia. Su ciudad vieja es, además, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1980. Fue destruida en febrero de 2012 durante la guerra, y en 2015 la ciudad fue tomada por las tropas rebeldes, provocando mayor deterioro en los restos. Hechos que fueron condenados inmediatamente por la UNESCO.

El teatro romano de Bosra, antes de que la guerra acabara con él. Fotografía: www.reuter.net 

En otras ciudades como Raqqa o Maarat al Numan, los edificios más dañados han sido principalmente las mezquitas. Este mapa interactivo, elaborado por el diario ABC, nos muestra los principales lugares que se ha llevado por delante el conflicto, tanto en Siria como en Iraq. Estos son solo algunos ejemplos de los estragos que ha causado la guerra de Siria: la destrucción de un patrimonio de cientos de años de historia.

Tres mezquitas para entender (un poco) Indonesia

Indonesia es el país con más musulmanes del mundo. Unos 200 millonesPero también hay protestantes, católicos, hinduistas, budistas o confucionistas. Y se hablan unas 200 lenguas. Un país diverso, vaya.

Parece difícil, por tanto, pensar en Indonesia como un lugar en el que se practique un islam similar al de los países de Oriente Medio o del norte de África. De hecho, la especificidad del Islam en Indonesia es un tema bastante tratado.

Y del mismo modo que es un islam distinto al que se practica en otros lugares del mundo, distintas son también sus mezquitas. Es más, a través de ellas se puede entender por qué Indonesia y los indonesios son de una forma y no de otra.

Cuenta Clifford Geertz cómo uno de los personajes míticos del islam local, muy presente en el imaginario popular, es Sunan Kaliyaga. Se convirtió de adulto, en una historia parecida a la de san Pablo, pero en javanés y musulmán. Su vida es un puente entre dos civilizaciones, dos religiones y dos épocas históricas: de cómo la isla de Java pasa ser una región dominada por reinos hindú-budistas a ser una isla musulmana. El mito encarnado de la islamización de Indonesia.

Gran Mezquita de Demak


Según la leyenda, fue el propio Sunan Kaliyaga el que fundó la Gran Mezquita de Demak, que parece cualquier cosa menos una mezquita. Data del siglo XV y se ha conservado de forma bastante fiel. Está hecha de madera y el tejado está claramente influido por los templos hindú-budistas que habían imperado hasta entonces.

Mucho más tardía, del siglo XX, es la mezquita Cut Meutia, que no es una mezquita. O no lo era. En su origen fue un edificio colonial holandés que ha funcionado hasta como oficina de correos. Fue en 1987 cuando pasó a ser mezquita bajo el nombre de Cut Meutia, en honor a una figura nacional de la lucha contra la colonia. 


Mezquita Cut Meutia

Más allá del valor arquitectónico que pueda tener o de la importancia de la mezquita, es un símbolo de las ambiguas relaciones que se establecen entre colono y colonizado, más complejas de lo que muchas veces se quiere representar.

Mezquita Istiqlal

En 1949, Indonesia ya es un país independiente. Y en 1955 se celebra la Conferencia de Bandung, una reunión histórica en torno a la cual se configura el movimiento de los No AlineadosEn definitiva, los países recién independizados quieren un lugar en el mundo.

La construcción de la mezquita Istiqlal (inaugurada en 1978, pero proyectada en los años 50) forma parte de este programa, queriendo ser símbolo del nuevo y moderno Estado indonesio e impulsada por el propio presidente Sukarno. De ahí su estilo, que quiere representar modernidad, internacionalidad y que materializa los cinco principios de la Pancasila.

La mezquita Istiqlal no solo es un edificio religioso, sino un monumento que forma parte del entramado conmemorativo de la independencia y de la nación indonesia del mismo modo que lo hacen el himno o la bandera.

Cada una de estas mezquitas es ejemplo de cómo el devenir histórico queda plasmado en unas manifestaciones religiosas con unas peculiaridades tan patentes como las del propio país. Tres mezquitas, pues, para tres épocas clave en la historia de Indonesia: islamización, época colonial e independencia. En realidad, son tres ejemplos claros de ese sincretismo (casi siemprepacífico que se manifiesta en todos los aspectos de la cultura de Indonesia.

Revisando el canon literario: la primera asociación de escritoras marroquíes.

A lo largo y ancho del mundo, la historia de la literatura no ha sido justa con las mujeres. Durante siglos, muchas escritoras han tenido que utilizar seudónimos y aquellas que consiguieron pasar a los cánones oficiales de su cultura han sido una minoría en comparación con los hombres. ¿Quién recuerda, al estudiar la historia de nuestra literatura en el instituto, nombres de mujeres más allá de Santa Teresa de Jesús, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán ? Otras veces, aquellas que han conseguido hacerse un hueco en la esfera pública tienen que soportar el ser reducidas a “esposas, amantes, novias, musas o hijas de”.

En Marruecos, nuestro país vecino, la situación no ha sido diferente. Las escritoras han tenido que hacer frente a una doble invisibilización: como sujetos femeninos y como sujetos poscoloniales. Solo a partir de los años 60 las mujeres marroquíes pudieron empezar a debatir y a escribir sobre las cuestiones que les concernían. Comenzaron a organizarse en asociaciones, a escribir en periódicos y revistas y a publicar novelas, relatos y poesía. Muchas de estas escritoras consiguieron formar parte del canon nacional pero la mayoría de ellas (especialmente, las que escriben en árabe o amazigh), apenas son conocidas fuera de las fronteras del mundo árabe.

A partir de finales de los años 80, se empieza a consolidar en Marruecos el movimiento asociativo en defensa de los derechos de las mujeres, con la creación de asociaciones a nivel nacional y, posteriormente, a nivel local. Sus actividades se centran principalmente en el aspecto económico y legal. Algunas asociaciones han lanzado iniciativas de carácter sociocultural , pero su prioridad es paliar los efectos más fuertes derivados de la desigualdad.

No ha sido hasta el año 2012 cuando un grupo de mujeres del  ámbito de la literatura se decidieron a lanzar la primera asociación de escritoras marroquíes: la Liga de Escritoras de Marruecos. (رابطة كاتبات المغرب)

Logo oficial de la Liga

La fundación de la Liga fue anunciada en septiembre de 2012 por un “grupo de creadoras y escritoras marroquíes”, durante la décimo octava conferencia de la Unión de Escritores de Marruecos. Según el manifiesto, se pretende reunir a todas las autoras en un “espacio abierto a la escritura de la mujer marroquí”. No se concibe como un proyecto exclusivo, sino que se aboga porque la mujer participe en la formulación del marco cultural marroquí. El comité fundacional estaba formado por las poetas Aziza Ahdih Omar (presidenta de la asociación), Malika Assimi y Rajae Talbi; la narradora y dramaturga Badiaa Radi; la narradora y crítica literaria Zohour Gourram y la también crítica Aliya Maa El Ainine.

Comité fundador. De izquierda a derecha: 
Aziza Ahdih Omar (arriba), Malika Assimi (abajo), Aliya Maa el Ainine 
(arriba), Zohour Gourram (abajo),Rajae Talbi (abajo) y Badiaa Radi.


Los principales objetivos de la Liga son: fomentar y acompañar la producción artística y literaria de las escritoras marroquíes a través de la lectura, la comparación, el análisis y la reflexión; revisar la bibliografía femenina y favorecer la participación de la mujer en el centro del panorama cultural marroquí. Con este fin, proponen la organización de diferentes comités: seguimiento de las obras, documentación, traducción, información y comunicación y organización de encuentros y conferencias.  Se pretende ofrecer un marco inclusivo que dé cabida a la obras en árabe, en amazigh y en otras lenguas extranjeras. Cuenta además con diferentes secciones por todo el país.

La poeta Aziza Ahdih Omar hablando sobre la Liga de Escritoras de Marruecos

Algunas muestras de la presencia activa de la Liga en el ámbito cultural son su participación en el Salón Internacional de la Edición y del Libro,que se celebra cada año en Casablanca, o la proclamación del día 9 de marzo como Día Nacional de la Escritora Marroquí. Este año, se han sumado a la celebración escritoras procedentes de los cinco países de la Unión del Magreb (Libia, Túnez, Argelia, Marruecos, y Mauritania) y se ha anunciado el lanzamiento de un nuevo marco: la Liga de la Escritora Magrebí (رابطة الكاتبة المغربية), que pretende incluir a las escritoras de los cinco países norteafricanos.


Zohour Gourram en el Salón Internacional de la Edición y del Libro


Este tipo de asociacionesiniciativas no son ajenas tampoco al contexto español. En estos colectivos, igual que en el marroquí, lo que se pretende es visibilizar la actividad literaria de las mujeres con el fin de corregir esos desfases en el canon que todavía existen en Marruecos, España y en el resto del mundo. Aún quedan muchos pasos en el camino a la igualdad, y los proyectos como este muestran que son las propias mujeres quienes están en primera línea de esa reivindicación.


Referencias
Feliu, L. (2004), "Capítulo VIII: Hacia la liberación de la mujer", en El Jardín Secreto: Los defensores de los derechos humanos en Marruecos, Los Libros de la Catarata, Madrid.
Sadiqi, F. (2008). “The Central Role of the Family Law in the Moroccan Feminist Movement”, British Journal of Middle Eastern Studies, Vol. 35(3), p.325-337.
El “último grito” salafista; intentar vestirse como en el siglo VIIº, hoy.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Es muy normal ver de vez en cuando personas vestidas de una manera muy particular en muchas ciudades. Hombres con la cabeza cubierta generalmente por un kufi  y pantalones anchos por debajo de las rodillas o una larga túnica blanca conocida como thawb  los viernes. A veces, estos están acompañados por mujeres completamente cubiertas de pies a cabeza vestidas de color negro. Se trata de una imagen que contrasta mucho con lo que solemos estar acostumbrados, sobre todo en el caso de las mujeres ya que en el de los hombres últimamente ciertas modas tienden a ser bastante ambiguas como de manera más cómica demuestra éste artículo. Los rasgos arriba descritos a priori nos llevan inequívocamente a pensar en musulmanes, sin embargo siguen siendo muy distintos que los que estamos acostumbrados a ver, y si uno está al día, y es difícil no estarlo últimamente, sabe que hablamos de salafistas. Pero, ¿por qué son tan reconocibles desde fuera si su diferencia con cualquier musulmán es teóricamente doctrinal?

Bien, si lo que caracteriza a buena parte de los salafistas es la imitación de los salafs, es decir de los “ancestros” (los que acompañaron al profeta y sus directos descendientes) en sus prácticas y creencias, la vestimenta evidentemente no puede permanecer ajena al conjunto de estas prácticas y no precisamente en un segundo plano. La cuestión es de qué manera se puede individuar y después tipificar o estandarizar un patrón de vestimenta que respete las prácticas de los ancestros en su recta vía y puridad.  La solución para ellos en éste caso, es la misma para todo: las fuentes.


Ya que la representación humana en el Islam está teóricamente prohibida, y la arqueología  no es una ciencia “lícita”; las fuentes de inspiración para regular las normas del vestir se deben inferir directamente de las palabras del Corán y la Sunna.  Existe toda una serie de cheiks, imames y ulemas de orientación salafista piadosa y/o quietista que “legislan” todos y cada uno de los aspectos y situaciones que los “musulmanes puros” deben cumplir. En lo que al vestir respecta, existen varias fetuas que indican cómo ha de vestirse un musulmán. En textos como La voie du musulman encontramos toda una serie de obligaciones y recomendaciones que un salafista, es decir, según ellos mismos, “un verdadero musulmán” deben seguir. También en webs como salafi3ilmchar3i.net se pueden consultar varias fetuas relacionadas con la estética, en la que se dice si es lícito o ilícito cierto tipo de prendas o aspectos; desde cómo tiene que ser la barba, la prohibición de llevar prendas que cubran los tobillos (para los hombres) y la obligatoriedad del yilbab para las mujeres.


 Vemos pues que lo que hoy se conoce como salafiyya fuera de ambientes académicos, es un corpus doctrinal que contempla todos los aspectos de la vida y que no deja ningún aspecto de la cotidianeidad fuera de control. Se trata pues, de cumplir a rajatabla las escrituras que, precisamente datando del primer siglo y medio desde la revelación del Corán a Mahoma reflejan, sin la necesidad de pruebas arqueológicas o de inspiraciones de carácter iconográfico, las normas de vestimenta del siglo VII d.C., es decir, en el que vivieron los “acompañantes” del Profeta. Algo sin embargo resulta bastante curioso y tal vez meritorio de un análisis mucho más profundo, y es la similitud de los hábitos del vestir de los salafistas de todo el mundo, con las prendas de vestir de gran parte de los países del golfo de la península arábiga, de donde proviene principalmente ésta interpretación del Islam. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

La memoria gráfica, el altavoz de las voces silenciadas del mundo arabomusulmán

Portada de Maus
Han pasado 36 años desde la publicación de Maus (1980), la novela gráfica por antonomasia que supuso un punto de inflexión en la trayectoria literaria del cómic. El autor Art Spiegelman (Estocolmo, 1948) dio a conocer en esta obra las atrocidades cometidas durante el Holocausto a través del testimonio de su padre. Esta «memoria gráfica» (término que utiliza el artista y que le viene como anillo al dedo) supuso todo un hito y un precedente en el mundo del cómic (aunque para muchos esté ligado únicamente a superhéroes), pues gracias a su formato consiguió hacer soportable lo insoportable, permitiendo digerir los hechos a través de una dilatada lectura en el tiempo.

Con el nacimiento de la novela gráfica autobiográfica, que conseguía la empatía entre el lector y los protagonistas del relato, surgió un nuevo género artístico-literario, un altavoz para los invisibilizados, que ha tenido especial éxito entre artistas del mundo arabomusulmán. Un género que, además, ha coexistido y competido en el tiempo con otros formatos como la televisión, Internet o los videojuegos, que en este ámbito han tendido a orientalizar, estereotipar y a exotizar al sujeto arabomusulmán. Quizá, huyendo de esos terrenos de arenas movedizas, han encontrado una herramienta que les representa de manera más fidedigna (aunque siempre de manera parcial) permitiéndoles exportar una imagen diferente de ellos mismos.


   

Estos autores nacidos en el mundo arabomusulmán, narran sus memorias e inevitablemente su contexto histórico, político y social, casi siempre con intención crítica. Parece que el tema que más les preocupa es hacer llegar su percepción del legado histórico de su país a un Occidente que urge que rompa estereotipos. De ello se encargan los testimonios que plasman, por ejemplo, los iraníes Marjane Satrapi (Rasht, 1969) y Mana Neyestani (Teherán, 1973) o la libanesa Zeina Abirached (Beirut, 1981). Todos ellos, además de contar con obra autobiográfica, también contribuyen a la literatura de su país con otro tipo de obras. Satrapi (aquí durante una entrevista en inglés), en Persépolis (2000-2003), narra su vida en un momento clave para Irán: la transición del régimen del sah a la implantación de la República Islámica de Irán en 1979, además de contar las crisis identitarias que sufre derivadas de este complicado proceso. También ha escrito otro tipo de obras como Bordados (2003) o Pollo con ciruelas (2004). 


Viñeta de Persépolis
Neyestani, en cambio, quiso dar a conocer otra cara de la República Islámica en Una metamorfosis iraní (2012): la de estar preso en la cárcel de Evin. Finalmente consiguió el exilio a Francia tras un laberinto burocrático que explica en otra de sus obras titulada Petit manuel du parfait réfugié politique (2015). En su línea de dibujante de viñetas, es fácil seguirle en su Fan Page en Facebook o en el periódico online IranWire. En cuanto a Abirached nos traslada al Beirut de la década de 1980, en el contexto de la guerra civil libanesa, tomando a su familia como protagonista y a una noche cualquiera llena de miedo e incertidumbre como escenario. También tiene otras obras como El piano oriental (2016).
Viñeta de Una metamorfosis iraní
Como se puede apreciar, son voces heterogéneas, de muchos lugares, que actualizan  el conocimiento sobre la cultura árabe, de su pasado más reciente, no sólo para autóctonos (si superan la censura) sino para el resto del mundo globalizado que consume estas novelas en la actualidad. La cuestión es que el mundo arabomusulmán ha encontrado una nueva forma mediante la cual llegar al corazón de Occidente y no sólo a su retina. Con estas novelas, no sólo han conseguido tener calado crítico sino que además han contribuido de una forma magistral y novedosa a la cultura literaria de su país y a la universal a través de la novela gráfica.


Viñeta de Persépolis





Libia, la historia de un País a través de sus banderas.

Hoy en día, Libia parece ser una mezcla infinita de tribus que luchan por conseguir el control político de la Nación. Es posible comprender la situación actual solo analizando la historia de este país, sobre el cual se habla poco y que siempre se consideró de menor importancia con respecto a los demás países árabes. Es famosa la frase del famoso político italiano Gaetano Salvemini de cómo, durante la guerra de conquista colonialde Italia, describió a Liba como una simple “caja de arena”. Lo que es más interesante observar de la historia de Libia es que, junto a todos sus cambios políticos, tuvo también un cambio de los símbolos nacionales, como, por ejemplo, la bandera.

Las primeras banderas que unificaron Libia bajo un único símbolo fueron las tres banderas coloniales: la de la dominación otomana, la de la colonia italiana y, finalmente, la de la ocupación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando en el 1951 Libia se independizó, apareció la primera bandera libia independiente. Formalmente se creó el Reino Unido de Libia, un reino que unificó tres regiones, bajo un poder federal. En este sentido se eligió disponer en la bandera tres bandas que representaban esta unión de las tres regiones, sin olvidar la autonomía que cada región tenía. El rojo representaba la región de Fezán, el negro la Cirenaica y el verde la Tripolitana. En el medio de esta bandera se pusieron dos de los más famosos símbolos musulmanes, la media luna y la estrella, para manifestar la primera religión del país, el islam.


Esta bandera permaneció hasta el año 1969, cuando un grupo de generales del ejército organizó un golpe de Estado. Estos militares eran naserianos, de hecho, querían que Libia siguiera el ejemplo del Egipto de Nasser, y que se trasformara en una república árabe socialista. Por dicha razón, en este mismo año se proclamó la República Árabe de Libia; con este cambio de nombre se decidió cambiar también la bandera, colocando tres bandas horizontales, una roja, una blanca y una negra. Estos colores son típicamente panárabes, de hecho, los generales querían manifestar su apoyo a la ideología de unificación de todos los árabes bajo un mismo estado. Estos colores eran típicos de todos los países que estaban alineados con esta idea política, como por ejemplo Egipto, Siria, Yemen e Iraq.
En el 1972 hubo una tentativa de unificación federal entre Libia, Siria y Egipto. El coronel Gadafi, que entonces tenía el poder en el país, intentó junto al presidente de Egipto Nasser y el presidente sirio Assad esta unión que se mantuvo pocos años y fue más simbólica que efectiva. Seguidamente a la creación de la nueva unión política se decidió adoptar una nueva bandera, que fuera única para todas las naciones de la federación. Naturalmente se mantuvieron los tres colores panárabes, y se añadió en el medio el águila de Saladino, otro símbolo de unidad árabe.





Esta experiencia se mantuvo hasta el año 1977, cuando todo el proyecto de la federación panárabe cayó. Entonces Gadafi decidió de cambiar el nombre de su país, formando un neologismo político: GranYamahiriya Árabe Libia Popular Socialista. Con este nombre que unió todas las aspiraciones políticas del coronel, se decidió poner a Libia la famosa bandera completamente verde. Esta decisión única en la historia (es el único caso de bandera monocolor) quiso representar la religión islámica, primera religión del país. A nivel político Gadafi utilizó esta religión como identidad nacional, y sobre todo la conectó de manera muy fuerte a su revolución que desde entonces se llamó revolución verde.

La bandera verde resistió hasta el año 2011, cuando, después de la revolución, en el contexto de las primaveras árabes, el régimen de Gadafi cayó definitivamente. Se creó el Estado de Libia y se adoptó la bandera del primer reino de Libia post colonial. Esto porque durante la revolución los rebeles utilizaban la primera bandera libia como símbolo. No obstante las varias partes del conflicto y las divisiones de la vieja oposición del régimen (que ahora detenta el poder), siempre se está utilizando esta bandera con la única excepción de los territorios controlados por el Estado Islámico de Libia.

En conclusión, es muy interesante ver cómo, paralelamente a los cambios políticos, las élites de este país han querido cambiar el mismo símbolo nacional. Este análisis de la dimensión simbólica, en este caso de las banderas, puede ayudar a comprender los fines y las ideologías que están bajo de los movimientos políticos. Si se considera la evolución de la bandera libia, por ejemplo, se puede notar cómo siempre se ha ido hacia una unificación y centralización administrativa. Esta tendencia está bien sintetizada en la última bandera del régimen de Gadafi: tenía solo un color, sin ninguna distinción o división, esto coincide perfectamente con la idea de unidad que tenía el coronel para su estado. El hecho de que los rebeldes hayan elegido la primera bandera, la que simbolizaba una Libia federal, podría significar una necesidad de organizar en este sentido el nuevo estado. Es evidente cómo la sociedad líbica está muy fragmentada y que una solución federal puede ser la única forma de estado posible, si se quiere evitar la división de Libia en más de un estado.





Bibliografía
Salvemini e la campagna in Libia, Alessandro Leogrande "Minima e moralia" 26/04/2011 http://www.minimaetmoralia.it/wp/salvemini-e-la-campagna-in-libia/
Libia come cambia la bandiera "La Repubblica" 22/08/2011 http://www.repubblica.it/esteri/2011/08/22/foto/libia_come_cambia_la_bandiera-20750213/1/
Con Gheddafi muore l'unica bandiera monocolore, Paolo Stefanini "Linkesia" 06/03/11 http://www.linkiesta.it/it/article/2011/03/06/con-gheddafi-muore-lunica-bandiera-monocolore/4818/
Libia, Roberto Breschi http://www.rbvex.it/africapag/libia.html

Breve Storia della Libia, "Geostoria". http://geostoria.weebly.com/breve-storia-della-libia.html