Jardines en la diáspora:
Cada cultura utiliza
diferentes mecanismos para representar su propia identidad y significados
acerca del entorno que nos rodea. Sirven como vinculo a una comunidad y una
serie de valores compartidos que intentan dar sentido a la vida misma, dando un
sentimiento de pertenencia a un lugar. Los jardines persas
son un resultado de creencias y significados acerca de la relación entre la
vida y la naturaleza presentes en el colectivo imaginario iraní. En la antigua Persia, la diversidad de la vegetación y los sistemas de
irrigación creaban la pairidaeza –
jardines amurallados – cuyo modelo fue exportado y potenciado en gran medida de
la mano del islam a tanto Europa como Asia. En España, la presencia arabo-islámica trajo consigo construcciones como los jardines de la Alhambra y en la India, el Taj Majal fue construido bajo arquitectos persas.
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| Jardín Persa en el Palacio Chehel Sotún en Isfahán |
El origen de los jardines
persas data del 600 AC en Pasargadae durante el reinado de Ciro el Grande. Representan la composición del universo bajo el zoroastrismo,
donde sirven como punto de unión entre el mundo cosmológico y el individuo.
Aparte de servir como elemento de una ideología imperial, los pairidaeza representaban el paraíso
terrenal para la reflexión y meditación. En la actualidad representan una
herencia cultural y un imaginario que gana importancia para iraníes en la
diáspora ya que el culto al jardín mantiene viva una parte de la identidad
desde el exterior.
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| Fresco en miniatura del siglo 17 de una princesa persa en un jardín. Isfahán. |
El jardín se ha vuelto más que en un lugar en un sentimiento. El culto a la naturaleza representa un encuentro con la espiritualidad que llena de orgullo a quien lo practica. Incluso tiene reservado en el calendario una fecha tan especial como el Norooz, donde se celebra la llegada de la primavera y la entrada del año nuevo persa. Las familias en la medida de lo posible se juntan en espacios abiertos para dar bienvenida al nuevo año y alejarse de la mala suerte.
Para los iraníes en la diáspora
la simbología del jardín juega un doble papel. Según el historiador Roy Mottahedeh,
la identidad del iraní del presente está altamente condicionada por diversas interpretaciones
de la historia del país. Esta opinión es altamente compartida por la mayoría de expatriados iraníes ya que refleja la realidad de una cuestión polémica de gran importancia a la hora de afrontar la cuestión de la identidad. En esta situación, el jardín sirve como unión en torno a una reflexión sobre la propia identidad del individuo.
Conocer la simbología del
jardín en el imaginario colectivo iraní sirve para repensar la identidad y
sobre todo la historia desde la individualidad. En este sentido, el jardín es
un punto de unión donde un iraní pueda identificarse como tal dejando de lado
diferencias sociales, políticas o económicas que tanto han dividido a la
sociedad. Volver al origen de la vida y conectar con la tierra son dos
pilares fundamentales en la simbología iraní. A su vez, sirve como punto de
encuentro para la comunicación y la esperanza de volver a repensar lo que se
entiende por identidad.
Bajo esta representación simbólica,
cada ‘jardín’ en la diáspora representa una historia compleja donde en algún
punto habrá felicidad, tristeza y nostalgia. Cada culto al jardín es un culto a
la vida lejos del país de origen y el comienzo de una nueva. Cada semilla
plantada está cargada de esperanza y futuro donde cada riego es una reflexión
sobre el presente incierto, pero, sobre todo, representa un encuentro con la búsqueda
de la identidad individual bajo un mar de preguntas que esperan respuesta.
Referencias:


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