sábado, 31 de diciembre de 2016

El “último grito” salafista; intentar vestirse como en el siglo VIIº, hoy.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Es muy normal ver de vez en cuando personas vestidas de una manera muy particular en muchas ciudades. Hombres con la cabeza cubierta generalmente por un kufi  y pantalones anchos por debajo de las rodillas o una larga túnica blanca conocida como thawb  los viernes. A veces, estos están acompañados por mujeres completamente cubiertas de pies a cabeza vestidas de color negro. Se trata de una imagen que contrasta mucho con lo que solemos estar acostumbrados, sobre todo en el caso de las mujeres ya que en el de los hombres últimamente ciertas modas tienden a ser bastante ambiguas como de manera más cómica demuestra éste artículo. Los rasgos arriba descritos a priori nos llevan inequívocamente a pensar en musulmanes, sin embargo siguen siendo muy distintos que los que estamos acostumbrados a ver, y si uno está al día, y es difícil no estarlo últimamente, sabe que hablamos de salafistas. Pero, ¿por qué son tan reconocibles desde fuera si su diferencia con cualquier musulmán es teóricamente doctrinal?

Bien, si lo que caracteriza a buena parte de los salafistas es la imitación de los salafs, es decir de los “ancestros” (los que acompañaron al profeta y sus directos descendientes) en sus prácticas y creencias, la vestimenta evidentemente no puede permanecer ajena al conjunto de estas prácticas y no precisamente en un segundo plano. La cuestión es de qué manera se puede individuar y después tipificar o estandarizar un patrón de vestimenta que respete las prácticas de los ancestros en su recta vía y puridad.  La solución para ellos en éste caso, es la misma para todo: las fuentes.


Ya que la representación humana en el Islam está teóricamente prohibida, y la arqueología  no es una ciencia “lícita”; las fuentes de inspiración para regular las normas del vestir se deben inferir directamente de las palabras del Corán y la Sunna.  Existe toda una serie de cheiks, imames y ulemas de orientación salafista piadosa y/o quietista que “legislan” todos y cada uno de los aspectos y situaciones que los “musulmanes puros” deben cumplir. En lo que al vestir respecta, existen varias fetuas que indican cómo ha de vestirse un musulmán. En textos como La voie du musulman encontramos toda una serie de obligaciones y recomendaciones que un salafista, es decir, según ellos mismos, “un verdadero musulmán” deben seguir. También en webs como salafi3ilmchar3i.net se pueden consultar varias fetuas relacionadas con la estética, en la que se dice si es lícito o ilícito cierto tipo de prendas o aspectos; desde cómo tiene que ser la barba, la prohibición de llevar prendas que cubran los tobillos (para los hombres) y la obligatoriedad del yilbab para las mujeres.


 Vemos pues que lo que hoy se conoce como salafiyya fuera de ambientes académicos, es un corpus doctrinal que contempla todos los aspectos de la vida y que no deja ningún aspecto de la cotidianeidad fuera de control. Se trata pues, de cumplir a rajatabla las escrituras que, precisamente datando del primer siglo y medio desde la revelación del Corán a Mahoma reflejan, sin la necesidad de pruebas arqueológicas o de inspiraciones de carácter iconográfico, las normas de vestimenta del siglo VII d.C., es decir, en el que vivieron los “acompañantes” del Profeta. Algo sin embargo resulta bastante curioso y tal vez meritorio de un análisis mucho más profundo, y es la similitud de los hábitos del vestir de los salafistas de todo el mundo, con las prendas de vestir de gran parte de los países del golfo de la península arábiga, de donde proviene principalmente ésta interpretación del Islam. 

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