El “último grito” salafista; intentar vestirse como en el siglo VIIº, hoy.
Es muy normal ver de vez
en cuando personas vestidas de una manera muy particular en muchas ciudades.
Hombres con la cabeza cubierta generalmente por un kufi
y pantalones anchos por debajo de las
rodillas o una larga túnica blanca conocida como thawb los viernes. A veces, estos están acompañados
por mujeres completamente cubiertas de pies a cabeza vestidas de color negro.
Se trata de una imagen que contrasta mucho con lo que solemos estar
acostumbrados, sobre todo en el caso de las mujeres ya que en el de los hombres
últimamente ciertas modas tienden a ser bastante ambiguas como de manera más
cómica demuestra éste
artículo. Los rasgos arriba descritos a priori nos llevan inequívocamente a
pensar en musulmanes, sin embargo siguen siendo muy distintos que los que
estamos acostumbrados a ver, y si uno está al día, y es difícil no estarlo últimamente,
sabe que hablamos de salafistas. Pero, ¿por qué son tan reconocibles desde fuera
si su diferencia con cualquier musulmán es teóricamente doctrinal?
Bien, si lo que
caracteriza a buena parte de los salafistas es la imitación de los salafs, es decir de los “ancestros” (los
que acompañaron al profeta y sus directos descendientes) en sus prácticas y
creencias, la vestimenta evidentemente no puede permanecer ajena al conjunto de
estas prácticas y no precisamente en un segundo plano. La cuestión es de qué
manera se puede individuar y después tipificar o estandarizar un patrón de
vestimenta que respete las prácticas de los ancestros en su recta vía y
puridad. La solución para ellos en éste
caso, es la misma para todo: las fuentes.
Ya que la representación
humana en el Islam está teóricamente prohibida, y la arqueología no es una ciencia “lícita”; las fuentes de
inspiración para regular las normas del vestir se deben inferir directamente de
las palabras del Corán y la Sunna. Existe
toda una serie de cheiks, imames y ulemas de orientación salafista piadosa y/o
quietista que “legislan” todos y cada uno de los aspectos y situaciones que los
“musulmanes puros” deben cumplir. En lo que al vestir respecta, existen varias
fetuas que indican cómo ha de vestirse un musulmán. En textos como La
voie du musulman encontramos toda una serie de obligaciones y
recomendaciones que un salafista, es decir, según ellos mismos, “un verdadero musulmán”
deben seguir. También en webs como salafi3ilmchar3i.net
se pueden consultar varias fetuas relacionadas con la estética, en la que se
dice si es lícito o ilícito cierto tipo de prendas o aspectos; desde cómo tiene
que ser la barba,
la prohibición de llevar prendas
que cubran los tobillos (para los hombres) y la obligatoriedad
del yilbab para las mujeres.
Vemos pues que lo que hoy se conoce como
salafiyya fuera de ambientes académicos, es un corpus doctrinal que contempla
todos los aspectos de la vida y que no deja ningún aspecto de la cotidianeidad
fuera de control. Se trata pues, de cumplir a rajatabla las escrituras que, precisamente
datando del primer siglo y medio desde la revelación del Corán a Mahoma reflejan,
sin la necesidad de pruebas arqueológicas o de inspiraciones de carácter
iconográfico, las normas de vestimenta del siglo VII d.C., es decir, en el que
vivieron los “acompañantes” del Profeta. Algo sin embargo resulta bastante curioso
y tal vez meritorio de un análisis mucho más profundo, y es la similitud de los
hábitos del vestir de los salafistas de todo el mundo, con las prendas de
vestir de gran parte de los países del golfo de la península arábiga, de donde
proviene principalmente ésta interpretación del Islam.



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