viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Trescientos sesenta y cinco días?: del calendario egipcio al islámico.


Las duraciones del día, el mes y el año dotan de sentido al calendario, siendo las unidades fundamentales que los conforman y marcando los compases de nuestra vida diaria. El Sol con sus dos solsticios y la Luna con sus dos equinoccios señalan, cada vez, la entrada de una nueva estación en el calendario de lo profano y lo sagrado. En el mundo árabe contemporáneo, el calendario civil egipcio se mantiene como uno de los más antiguos, sin haber caído en desuso y el calendario islámico, aunque más tardío, perdura en el tiempo. Ahora bien, si quisiéramos situarnos en la época de los primeros calendarios, entonces y según el investigador y arqueólogo norteamericano Alexander Marchack, deberíamos invertir las manillas 15000 a.C., durante la Prehistoria, para dar con los primeros registros calendarizados del tiempo.
 

                                          "The Roots of Civilization" (Alexander Marshack)

A partir del Paleolítico, numerosos calendarios han marcado la historia de civilizaciones pasadas, algunos quedando sepultados bajo la memoria y otros, rigen nuestro presente. El calendario civil del Egipto que surge gracias al interés de los egipcios por la astronomía, se establece 2800 a.C. Este calendario solar tenía una duración total de 365 días, agrupados en tres estaciones de cuatro meses cada una (Tabla 1): Inundación (Ajet), Germinación (Peret) y Sequía (Shemu). Trescientos sesenta días iniciales divididos en 12 meses de 30 días cada mes, con la suma adicional de los «Cinco sobre el Año»; cinco días dedicados a cinco de las divinidades del Antiguo Egipto: Osiris, Isis, Seth, Neftis y Haroeris. Una singularidad de este calendario es la duración del año trópico; debido a que éste es algo mayor, suponía que todos los eventos cíclicos se atrasaban 1 día cada cuatro años. En el 239 a.C. con el Decreto de Canopus se intenta introducir el año bisiesto pero la oposición de varios sacerdotes religiosos frenan esta propuesta. Finalmente, no será hasta la dominación del Imperio Romano, tomando como base este calendario, cuando Julio César en el 46 a.C. aplique dicho decreto.

Tabla 1: Meses utilizados en la liturgia de la Iglesia Copta  (Avilés, 2008)

Calendario de elefantina (Museo de Louvre, París)

En el pasado, este calendario regía tanto lo profano como lo sagrado, concretándose en un mismo espacio. En el mundo árabo-islámico moderno se utilizan diferentes calendarios. El calendario civil egipcio, con adaptaciones, marca la agenda litúrgica de la iglesia copta, mientras que en el caso musulmán, es el calendario islámico el que señala la vida religiosa. El calendario islámico comienza a contar el día en que Mahoma huye de La Meca a Medinat en-Navi (Hégira); el 16 de julio del 622 a.H. / d.C. Por mandato divino, se establece un calendario cíclico lunar (Sūrah al-Baqarah 187de 30 años, de los que 19 son de 354 días y 11 años de 355. Cada año consta de 12 meses, que comienzan con la luna creciente y se intercalan teniendo una duración de 30 y 29 días respectivamente. Cada mes tiene un nombre diferente en relación a la climatología y acontecimientos que acaecen (Tabla 2); y dependiendo de cada país del mundo árabe algunas festividades varían, aunque los hechos principales se mantienen comunes a todos.


 (Sūrah al-Baqarah 187)


Tabla 2: Meses del calendario islámico (Avilés, 2008)


En la actualidad, ambos calendarios, egipcio e islámico, rigen lo estrictamente sagrado, y es el calendario gregoriano, sin ser puramente secular en su base, el que se intercala para señalar lo profano, y mantener las actividades económicas mundiales en funcionamiento. Pero como en todo, siempre hay excepciones y países que van por libre para adaptarse a lo que más les conviene. Uno de los últimos países en dar el paso de lo «sagrado a lo profano» ha sido Arabia Saudí, quien sigilosamente y casi sin hacer demasiado ruido decidió apuntarse al calendario gregoriano. Eso sí, solo en el terreno fiscal para que le cuadrasen mejor las cuentas.

Referencias

- Cortés, R. d. (2009). Nuestro Calendario. Orígenes y desarrollo (Mónica de Fuentes ed.). España.

- Avilés, J. A. (2008). Tiempo y Religión. Una historia sagrada del calendario. Madrid: Ediciones del Orto.


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