Las duraciones del día, el mes y
el año dotan de sentido al calendario, siendo las unidades fundamentales que
los conforman y marcando los compases de nuestra vida diaria. El Sol con sus
dos solsticios y la Luna con sus dos equinoccios señalan, cada vez, la entrada
de una nueva estación en el calendario de lo profano y lo sagrado. En el mundo
árabe contemporáneo, el calendario civil egipcio se mantiene como uno de los
más antiguos, sin haber caído en desuso y el calendario islámico, aunque más
tardío, perdura en el tiempo. Ahora bien, si quisiéramos situarnos en la época
de los primeros calendarios, entonces y según el investigador y arqueólogo
norteamericano Alexander Marchack, deberíamos invertir las manillas 15000
a.C., durante la Prehistoria, para dar con los primeros registros
calendarizados del tiempo.
"The Roots of Civilization" (Alexander Marshack)
A partir
del Paleolítico, numerosos calendarios han marcado la historia de
civilizaciones pasadas, algunos quedando sepultados bajo la memoria y otros, rigen
nuestro presente. El calendario civil del Egipto que surge gracias al interés
de los egipcios por la astronomía, se establece 2800 a.C. Este calendario solar
tenía una duración total de 365 días, agrupados en tres estaciones de cuatro
meses cada una (Tabla 1): Inundación (Ajet), Germinación (Peret) y Sequía (Shemu). Trescientos sesenta días
iniciales divididos en 12 meses de 30 días cada mes, con la suma adicional de
los «Cinco sobre el Año»; cinco días dedicados a cinco de las divinidades del
Antiguo Egipto: Osiris, Isis, Seth, Neftis y Haroeris. Una singularidad de este calendario
es la duración del año trópico; debido a que éste es algo mayor, suponía que todos
los eventos cíclicos se atrasaban 1 día cada cuatro años. En el 239 a.C. con el
Decreto de Canopus se intenta introducir el año bisiesto pero la
oposición de varios sacerdotes religiosos frenan esta propuesta. Finalmente, no
será hasta la dominación del Imperio Romano, tomando como base este calendario,
cuando Julio César en el 46 a.C. aplique dicho decreto.
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| Calendario de elefantina (Museo de Louvre, París) |
En el pasado, este
calendario regía tanto lo profano como lo sagrado, concretándose en un mismo
espacio. En el mundo árabo-islámico moderno se utilizan diferentes calendarios.
El calendario civil egipcio, con adaptaciones, marca la agenda litúrgica de la
iglesia copta, mientras que en el caso musulmán, es el calendario islámico el
que señala la vida religiosa. El calendario islámico comienza a contar el día
en que Mahoma huye de La Meca a Medinat en-Navi (Hégira); el 16 de julio
del 622 a.H. / d.C. Por mandato divino, se establece un calendario cíclico
lunar (Sūrah al-Baqarah 187) de 30 años, de los
que 19 son de 354 días y 11 años de 355. Cada año consta de 12 meses, que
comienzan con la luna creciente y se intercalan teniendo una duración de 30 y
29 días respectivamente. Cada mes tiene un nombre diferente en relación a la
climatología y acontecimientos que acaecen (Tabla 2); y dependiendo de cada país del
mundo árabe algunas festividades varían, aunque los hechos principales se
mantienen comunes a todos.
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| (Sūrah al-Baqarah 187) |
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Tabla 2: Meses del calendario islámico (Avilés, 2008) |
En la actualidad,
ambos calendarios, egipcio e islámico, rigen lo estrictamente sagrado, y es el calendario gregoriano, sin ser puramente secular en su base, el que se
intercala para señalar lo profano, y mantener las actividades económicas
mundiales en funcionamiento. Pero como en todo, siempre hay excepciones y
países que van por libre para adaptarse a lo que más les conviene. Uno de los
últimos países en dar el paso de lo «sagrado a lo profano» ha sido Arabia Saudí, quien sigilosamente y casi sin hacer
demasiado ruido decidió apuntarse al calendario gregoriano. Eso sí, solo en el
terreno fiscal para que le cuadrasen mejor las cuentas.





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